colapso de insectos
La tasa de extinción de insectos es 8 veces más rápida que en mamíferos, aves y reptiles.
Actualmente los insectos representan más de la mitad (55%) de la biodiversidad conocida, y el 85% de la biodiversidad animal: el 85 de cada 100 individuos del reino Animalia son insectos. Se calcula que comprenden entre tres y treinta millones de especies, de las cuales solo se describieron un millón. Son los animales más variados y abundantes, y resultan imprescindibles para el buen funcionamiento de los ecosistemas: reciclan materia orgánica, polinizan las plantas y controlan las plagas.

Los insectos están en peligro por la acción humana. Según Edward O. Wilson (1926-2021), el biólogo más destacado del mundo en su tiempo y el mayor experto en hormigas, «los humanos somos una anormalidad ambiental” por el efecto devastador sobre la diversidad de especies y la tasa de extinciones inducidas, que además se está acelerando. En este sentido, la pieza clave de la extinción es el hábitat y el impacto humano sobre este, es devastador: pérdida de hábitats y fragmentación del paisaje, contaminación lumínica y química (pesticidas, herbicidas…), cambio climático, etc.
Por ejemplo, el aumento de la agricultura intensiva y el pastoreo lleva a la eliminación de prados y matorrales, que junto con el uso de maquinaria pesada, pesticidas y fertilizantes son las principales causas de la desaparición de saltamontes y grillos, entre otros.
¿sabemos cuántos insectos están extintos?
Es difícil, pero según estudios y estimaciones realizadas, al ritmo a que están desapareciendo (2,5 de la masa total de insectos por año) en 100 años pueden desaparecer. Las consecuencias serán devastadoras en todas las especies que se alimentan de ellos: aves, peces, ranas, reptiles y murciélagos, entre otras. Sin olvidar que son responsables de polinizar el 75% de las especies vegetales (un tercio de nuestra dieta).
datos muy preocupantes: el silencioso colapso de los insectos
Hace cuarenta años, caminabas por un prado entre los cantos de los grillos y a medida que andabas saltaban cientos de saltamontes. O hacías un viaje en coche y los insectos que impactaban contra el parabrisas dificultaban seriamente la conducción. Un estudio realizado en Gran Bretaña contabilizó las salpicaduras en las matrículas de los vehículos y encontró un descenso de casi un 60% de los insectos voladores desde 2004.

Los científicos calificaron la caída, cifrada en un 34% por década, de “aterradora”. Pero otro estudio realizado en Dinamarca registró una caída mayor, del 80% entre 1997 y 2017. Según otro estudio realizado en los Países Bajos se registró un descenso del 76% de los insectos en reservas naturales de Alemania entre 1989 y 2016, principalmente por el uso de agrotóxicos y otros pesticidas.
Especies altamente especializadas, como los abejorros, ya están en vías de extinción por la pérdida del 90% de su población en EE.UU. El número de abejas remitió un 40% a nivel mundial. Y Europa perdió entre un 30% y un 50% de su población de mariposas; otros estudios señalan que aproximadamente tres cuartas partes de estos lepidópteros están en declive en Cataluña, lo que puede extrapolarse a cualquier lugar de la península.
Una revisión científica global publicada en 2019 avisó de que la merma general de las poblaciones de insectos amenaza con causar “un colapso catastrófico de los ecosistemas naturales”. En concreto, dicho análisis encontró que el 40% de las especies de insectos conocidas está disminuyendo y un tercio está en peligro de extinción.
¿Cuál es la receta para frenar la extinción masiva de los insectos? Una política agrícola amable y favorable a los bichos, reducción drástica y urgente de plaguicidas y menos monocultivos, así como más flores y jardines salvajes en zonas urbanas. Así de fácil y así de difícil.
¿ QUÉ PASARÍA SI DESAPARECIERAN LOS INSECTOS ?

Nos lo explica J. Carlos Otero, biólogo y experto entomólogo de la USC:
» los efectos empezarían a notarse en pocas semanas, millones y millones de insectívoros morirían de hambre y los lagos y ríos se llenarían de pescados muertos, porque se alimentan de larvas acuáticas de mosquitos y de libélulas. Aves, lagartos, anfibios y murciélagos morirían de inanición. A continuación morirían los animales que se alimentan de ellos.
Con las colmenas vacías y muchos otros insectos muertos, no existiría la polinización, con un impacto demoledor en las especies vegetales que se benefician de ella. Pasados unos meses, los bosques se llenarían de una enorme cantidad de hojas muertas, y por todas partes habría montones de excrementos y cadáveres que tardarían más tiempo en degradarse, porque de reciclar madera, hojas y excrementos viven muchos insectos «.
Como asegura J. Carlos Otero, la idea de la desaparición de los insectos puede parecer increíble pero la realidad es que no estamos muy lejos de que algo así pueda suceder.
Para protegerlos, tenemos que cambiar muchas actitudes, como evitar el uso excesivo e indiscriminado de insecticidas o conducir a velocidad moderada, sobre todo por carreteras rurales donde insectos y aves son víctimas con frecuencia de atropellos en las épocas en que están más activos, pues pájaros y mariposas suelen volar bajo atravesando los caminos.