cambio climático y contaminación
cambio climático

El aumento de las temperaturas globales y los cambios en los patrones de precipitación, están alterando los ecosistemas, provocando la pérdida de hábitat y desplazando los rangos de distribución de muchas especies de aves, insectos y murciélagos.
Las aves migratorias dependen de señales ambientales para sincronizar sus movimientos estacionales, por lo que el cambio climático implica una desincronización con sus recursos, afectando su capacidad de reproducción y supervivencia. Además, también se ven afectadas por el aumento del nivel del mar, que provoca la pérdida de sus hábitats.

Los incendios y las sequías, cada vez más frecuentes e intensas, destruyen zonas clave para la fauna aérea, causan la pérdida directa de especies, y fragmentan y aíslan sus poblaciones. El aumento de las lluvias torrenciales conlleva inundaciones y deslizamientos de tierra que destruyen nidos y áreas de reproducción, afectando también a muchas especies de insectos.
Las altas temperaturas aumentan la concentración de contaminantes atmosféricos, como el ozono troposférico, afectando la salud de la fauna aérea, especialmente aquellos con sistemas respiratorios sensibles. En Galicia la contaminación del aire por ozono ha repuntado en los últimos años debido al aumento de las temperaturas medias.
contaminación ambiental
El uso de plaguicidas químicos (fitosanitarios) provoca el desplazamiento de las aves de esas zonas, con la consecuente degradación del ecosistema, ya que reduce la disponibilidad de hábitats y de alimentos, especialmente durante la cría.

El uso de agrotóxicos representa un grave peligro para la cadena trófica comprometiendo la calidad ambiental y la diversidad biológica, sobre todo de los insectos, principales afectados. Además, la contaminación del agua con productos químicos (pesticidas y fertilizantes), envenena a las aves y a los insectos acuáticos.

Los contaminantes químicos y residuos plásticos afectan directamente a las aves y los insectos, debilitando su salud y reduciendo su capacidad de reproducción y supervivencia. Y los contaminantes atmosféricos, como el óxido de nitrógeno y otros compuestos orgánicos volátiles, dañan las vías respiratorias y afectan el sistema inmunológico de las aves, murciélagos e insectos.

Las macrogranjas son otro vector dañino en cuanto a la contaminación de las aguas, no solo afectando a la fauna aérea, sino incluso a la población humana.
contaminación lumínica

Por otra parte, la contaminación lumínica altera los ritmos naturales de aves y murciélagos, impidiendo a estos realizar su función de dispersión de semillas, y confundiendo a aquéllas en su navegación. Recordemos que además del vuelo, lo que caracteriza a las aves es su visión, y la luz artificial las desorienta provocando colisiones y dificultando la localización de lugares de anidación y alimentación. Al ser una exposición constante, también interfiere en los ciclos reproductivos y de descanso. Este artículo de la USC expone de forma concreta este problema: La contaminación lumínica: una trampa para las aves
De hecho, Dinamarca y Países Bajos están dando los primeros pasos hacia un ambiente amigable con la fauna silvestre, remodelando una gran cantidad de farolas para proyectar luz roja durante la noche con el propósito de cuidar a los murciélagos y otras formas de fauna nocturna. Esta medida no nos afecta en absoluto a los humanos, ya que nuestro cerebro tiene la capacidad de suprimir el color rojo y adaptarse rápidamente. En solo unos minutos, nuestro cerebro percibirá la iluminación como blanca.