los insectos como grandes polinizadores

La polinización es fundamental para que las plantas con flor produzcan semillas y frutos con los que crear nuevos retoños.

La palabra polen (del latín pollen, polvillo muy fino) designa los granos, más o menos microscópicos, que producen las plantas con semillas (espermatofitas) donde cada uno de esos granitos contiene una célula sexual masculina (microgametofito).

En el curso de la evolución las plantas fueron desarrollando diferentes sistemas de reproducción. Por un lado, tenemos la autopolinización en la que la transferencia de polen se lleva a cabo en la misma planta (por lo que no necesitan polinizadores) cuya flor contiene órganos reproductores femeninos y masculinos.

Este tipo de polinización presenta menor diversidad genética, ya que no hay intercambio de genes con otros individuos. Por el contrario, la polinización cruzada (que implica a dos plantas) ofrece más ventajas: favorece la mezcla de genes contribuyendo a una mayor diversidad genética, mejora la resistencia a las enfermedades, facilita una mayor variabilidad y adaptación al entorno.

grandes polinizadores

Entre los mecanismos de polinización cruzada se encuentran el aire (polinización anemófila), el agua (polinización hidrograma) que se da sobre todo en plantas acuáticas y, por último, el mejor mecanismo, la polinización zoogama que implica a los animales para el transporte del polen, y decimos que es el mejor porque el desperdicio de polen es mucho menor.

En este caso, los insectos, son con diferencia los preferidos de las plantas.

Esta relación entre plantas e insectos, que surgió hace unos 140 millones de años, ha determinado un mecanismo de coevolución muy singular.

La planta necesita atraer a los insectos a sus flores para que se cubran de granos de polen y transportarlos a otras plantas facilitando el proceso de la fecundación. Entre los mecanismos que utilizan las plantas para atraer a los polinizadores destacan los aromas, los colores y el sabroso néctar.

Los insectos contribuyen a la reproducción de aproximadamente el 90% de las especies de plantas silvestres del mundo. En Europa, el 84% de los cultivos y más de 4.000 variedades vegetales, dependen de la polinización animal, especialmente, de la que realizan las abejas.

Mariquita sobre flor lila

Una colonia de abejas puede polinizar alrededor de 3.000.000 millones de flores en un día. Para hacernos una idea, hacen falta más de 20 personas para polinizar un pequeño huerto de frutales. Los agricultores tienen clara la importancia de la polinización animal, por eso ya existe un mercado bien desarrollado en EE.UU. y Europa de alquiler de colmenas domésticas y de abejorros, lo que nos indica que algo grave está pasando con los polinizadores silvestres.

Los principales insectos polinizadores son las abejas, abejorros, avispas, mariposas, polillas, moscas y escarabajos. Flores e insectos están de alguna forma especializados. Por ejemplo, las largas probóscides de las mariposas les permiten acceder al néctar que se encuentra en partes profundas de la flor, partes a las que un escarabajo no puede llegar. También hay preferencias en cuanto a la forma y color de las flores. Las abejas prefieren las flores blancas, amarillas y azules; y los colores llamativos y brillantes, incluyendo el rojo, amarillo y morado suela atraer a las mariposas. El polinizador puede recordar aquellas flores que le ofrecen mayor recompensa (néctar, polen, tejidos florales, aceites, resinas…) y volver a ellas una y otra vez.

Dos polillas burnet sobre flor amarilla
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